Archivo de 26/12/09

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En realidad, la educación pertenece al sector primario

26 diciembre 2009

Como sé que me queréis tanto, haré el esfuerzo de escribir la última entrada del año, en vivo y en directo desde Barcelona. Y, precisamente porque todos vosotros me tenéis en tan alta estima, esta entrada hablará de todos vosotros (de mí incluido, por descontado), no como las últimas dos y media, que llevaban dedicatoria especial aunque no haya quedado muy claro. Ains, que me pongo a pensar en vosotros, mi querida sociedad, y se me hace un nudo en la garganta, se me saltan las lágrimas, noto la puta bilis en la lengua, me dan ganas de coger el bokken y rebanaros esas cabezas tan preciosas, llenas de piercings y atiborradas de gomina… Vamos, que estas fechas me han ablandado el corazón, posiblemente por el cansancio y, en lugar de criticar como el vil hipócrita que soy, os voy a dar una pequeña charla sobre ganadería. Vamos al tema.

Tras mucho cavilar, he llegado a la conclusión de que tampoco nos diferenciamos mucho del resto de animales. Hay quien dice que los jóvenes de hoy en día están como cabras, pero yo creo que más bien estamos como putas ovejas. Somos un feroz ejército de adiestradas y uniformadas ovejas.

En definitiva, nos levantamos, vamos a la cocina, desayunamos pienso amorfo y artificial, a toda prisa, y nuestros padres nos conducen a ese mamotreto gris de hormigón y aluminio que es la cooperativa agrícola, donde entramos mansamente y vamos cada uno a su clase para que esos señores con uniformes nos esquilen las ideas y nos expriman hasta la última gota de pensamiento independiente. A las once en punto, entramos como una hecatombe en el corral donde nos dan de comer, pero eso sí, el pienso caro de este corral no es amorfo como el que desayunamos, sino que es de colores vistosos para que peleemos mejor por él, si bien ambos alimentos están igualmente atiborrados de hormonas para controlar nuestro crecimiento y experimentar con nosotros. El resto de la media hora que nos dan para pastar lo pasamos caminando en círculo sobre nuestras propias huellas, como buen ganado ovino que somos. Volvemos a nuestra granja por la tarde y nos separamos de nuestras congéneres, pero como hoy en día el sector primario está tan altamente tecnificado, seguimos en contacto con el resto de rumiantes a través de las redes sociales de internet, ese gran invento sobre el que alguna vez escribiré una entrada.

Y así seguimos, con la mente aletargada, sin quejarnos (la mayoría), dejándonos esquilar y exprimir sin oponer más resistencia que la que ofrecen nuestras crestas, pelos engominados y rizos a lo Slash, ajenos a la idea de que hace unos años salió al cine una película que se llamaba Zafarrancho en el Rancho y que nos serviría de inspiración, sin ganas algunas de ser diferentes, sin mostrar el más mínimo interés por no ser del montón. Así van las cosas.

Feliz navidad a todos vosotros, que paséis estas fechas tan señaladas con los que os sean queridos, disfrutando de la legendaria hipocresía familiar, pero, sobre todo, que el año 2010 no os cambie, por favor. Con todo esto de las vacas locas uno no sabe cuándo la cosa se va a extender, y dentro de poco todos seremos unas ovejas locas de las que nadie se preocupará, si es que no lo somos ya. Sólo somos mil millones. El mundo necesita más ovejas.

Beeeee.

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